mercredi 10 septembre 2014

¿DÓNDE ESTÁ El SEÑOR?

Un ángel le reveló a Elías que fuera al monte de Dios, el Horeb, para ver al Señor que pasaría por allí. Elías hizo lo indicado por el ángel  y permaneció en el monte hasta que lo encontró. Antes de ver acercarse al Señor pasaron tres eventos naturales y en ninguno de ellos estaba Dios.

Ese pasaje de la Escrituras me hizo meditar cómo los venezolanos no podemos encontrar a Dios  en la Venezuela actual. Ocurren cataclismos continuados, pero el Señor no  se ha manifestado en ellos. Esos cataclismos son provocados por el hombre, no por la naturaleza. Nunca hemos visto a Dios en ellos.

Los huracanes (Soberanía, democracia  y estructura jurídica): Según el diccionario de la lengua española, se le dice huracán a la “Persona o cosa de mucha fuerza o ímpetu que destruye o trastorna lo que encuentra a su paso”. Los que han  ejercido el poder han estado  llenos de “ímpetu y fuerza” y han dedicado, en los 16 años que lo han disfrutado, a que perdiéramos nuestra identidad como nación y a la población han tratado de convertirla  al pensamiento socialista- marxista.  Han tratado de cambiar la historia y reescribirla a partir del 4 de febrero de  1992. Una estrategia política, única, nos ha llenado de odio y de deseos de venganza contra los hermanos que piensan distinto. Han cambiado nuestro sistema político de democracia hacia el autoritarismo.  Han arrasado con los órganos del poder público, los partidos políticos,  la empresa privada,  el sistema jurídico, etc. y, además, han  entregado el país a un gobierno extranjero.  Hemos visto pasar fuertes lluvias con vientos excesivamente violentos, truenos, relámpagos,  deslaves e inundaciones, pero los venezolanos no hemos visto al Señor en ellos.

Los terremotos: La vida. Sacudidas violentas de la integridad física, moral y espiritual de las personas, teniendo como epicentro el poder central. Violación a los derechos de los ciudadanos, entre ellos, los derechos humanos que, según el catecismo de la Iglesia Católica (1930) son  los “…que le dan legitimidad a la autoridad”. Los actos violentos contra la vida de las personas, tanto por acción, a través de los órganos represivos del Estado y de utilización del sistema jurídico; como por omisión, dejando  actuar  libremente, sin reprensión ni sanción, a la violencia contra los ciudadanos. La ruina de los valores morales y éticos de la sociedad a través de la perversión de una parte de la  población, hoy día, muy bien valorada por su riqueza proveniente de negociados, narcotráfico, corrupción, según dicen. Por otra parte, quebrando también  la integridad moral  de las personas utilizando el dinero público para repartir entre la población, supuestamente necesitada, con la intención de obtener de ellos sus preferencias “políticas”. Propiciar, a través de decisiones de políticas y económicas, el hambre, la desnutrición de los infantes, la salud en general.  Las entrañas de la venezolanidad se han estado moviendo, pero no hemos visto pasar  al Señor.

Los incendios: la economía. Implantación de un sistema económico socialista-comunista (castrista), en una peculiar mixtura con el sistema neoliberal. Expropiación de la propiedad privada, nacionalización de empresas. El Estado como principal responsable de la producción y distribución de muchos tipos de bienes y servicios. Exacerbados controles a la actividad económica  privada. Inconmensurable dilapidación del dinero público. Alto desempleo. Emigración de una significativa cantidad  de jóvenes con preparación superior que se han auto-exiliado buscando empleo y mejor calidad de vida para ellos y sus familias. Alto  endeudamiento público  injustificado que compromete el futuro de nuestros niños y adolescentes. Inflación incontrolada. Como consecuencia de todo lo anterior estamos sufriendo escasez de artículos de primera necesidad. Tierra arrasada, pero no hemos visto al Señor.


Entonces ¿dónde está el Señor? “en el murmullo de una brisa suave”.   Esa brisa suave debemos construirla trabajando por la paz. Comenzando por la paz individual de las personas, que se consigue a través de la reconciliación con Dios, después viene la paz colectiva cuando nos reconciliemos con nuestros hermanos (Juan  XXIII). Será un proceso lento y progresivo. Debemos empezar por tratarnos con cordialidad, amabilidad, con una sonrisa afectiva. Después vendrán los procesos sociales que nos ayudarán a obtener la reconciliación nacional. Como dicen los documentos pontificios: “a la paz se llega por la justicia”.  Cómo decía el Señor “Velen por los derechos de los demás, practiquen la justicia…”  (Is 56,1).  Pensamos que quizás lo  prioritario sea reconstruir la justicia en Venezuela. Entonces diremos: Hemos visto pasar al Señor  ¡y que se quede con nosotros!


Artículo publicado en www.reportecatolicolaico.com

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